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jueves, 15 de abril de 2010

Cap 4 - No es tan facil ser niñera


IV: Drugos y militsos. (1)
"Dios hizo el mundo en seis días y fue arrestado en el séptimo. La versión no autorizada"
.
No sólo el número de invitados indicaba que era una fiesta a lo grande: la cantidad de comida, de bebida, de adornos y el tamaño de los equipos dejaban en claro que Alice no se conformaba con una «simple y convencional fiesta de cumpleaños». La gente parecía estar disfrutando de todo el trabajo que la pequeña se había tomado, ya que no dejaban de comer y beber, hablar y bailar, todo en una perfecta armonía. Bella se encontraba sorprendida por lo bien que le estaba saliendo la fiesta a una muchachita de doce años de edad.
Cuando llegó Esme, por supuesto, todos coraron al unísono un «feliz cumpleaños», mientras la homenajeada llevaba las manos a su boca, claramente sorprendida, con un animado Carlisle a su lado. Después de los saludos de toda la familia y los amigos, Esme se dedicó a disfrutar también de la fiesta.
—¡Bella, que bueno tenerte aquí! —comentó alegremente, después de que la muchacha la hubiese saludado—. ¿Ha estado todo bien hoy?
Bella asintió. Entonces, la mujer mostró sus relucientes dientes en una cariñosa sonrisa.
—Me alegro que así sea.
Después de dar un par de vueltas por el salón, Bella encontró una silla disponible contra una pared. Con un vaso de jugo en la mano, se sentó en la misma, dispuesta a esperar unos minutos para emprender su retirada. Con alguna buena excusa, podría escapar educadamente; quizás utilizando su día libre como ocupado. Ya había rendido una de las materias del semestre en verano, por lo que quedaba eximida de presentarse los sábados a la universidad. Sin embargo, el hecho de que no tuviera que asistir ese día no tenía que ser algo público…
—¿Bella?
La joven parpadeó cuando escuchó aquella voz tan familiar y alzó la cabeza, encontrándose con dos rostros conocidos. Allí, frente a ella, se encontraban Angela y su novio, Ben, con un par de vasos en sus manos.
—¿Angela?, ¿Ben?, ¿qué hacéis aquí? —preguntó la muchacha rápidamente.
—Mi madre es amiga de Esme —comentó Angela, sin darle demasiada importancia—, pero… ¿qué haces  aquí?
—Querida Angie, esta es la boca del lobo —comentó, y ella frunció el ceño. Claramente no entendía a lo que su amiga se refería—. Trabajo aquí, soy la niñera de los Cullen.
Angela se quedó en silencio por unos minutos, para luego soltar una fuerte carcajada.
—¿Me estás diciendo que eres la niñera de Alice y… —otra risa escapó de sus labios— Edward? —se mordió el labio, intentando no comenzar con un espectáculo de histéricas carcajadas.
—Muy gracioso —respondió Bella, con ironía—. ¿Tú los conoces?, quiero decir, ¿los conoces bien?
Angela asintió.
—Sí, desde hace unos cuantos años —respondió, encogiéndose de hombros.
Angela había residido gran parte de su vida en New Heaven, por lo que no le extrañaba que tuviera amistades por allí; sin embargo, nunca la había oído mencionar a los Cullen, ni a nada referente con ellos.
—Nunca se me presentó la oportunidad —comentó Angela, encogiéndose de hombros, cuando Bella le expuso sus inquietudes.
Bella se sintió afortunada cuando supo que Angela y su novio se retiraban de la fiesta, ya que encontró una buena excusa para irse también. Ben, que traía su automóvil, se ofreció a llevarla, por lo qué, despidiéndose de Esme y diciéndole que al día siguiente estaría allí, dejó la casa de los Cullen. A los pocos minutos, se encontró dentro de su confortable apartamento. Otra noche se dio la libertad de dejar sus cosas tiradas, con un solo propósito: descansar.
Después de darse un larga y relajante ducha, Bella se visitó con una vieja ropa de dormir, que constaba de un pantalón corto y una camiseta sin mangas. Se dirigió a la nevera y tomó un pote de helado, del cual quedaba más de la mitad. Después de encaminarse hacia la sala, cogió el mando de la televisión y la encendió, al tiempo en que se dejaba caer sobre el sofá. Soltó un suspiro de satisfacción cuando encontró una de sus películas favoritas. Una sonrisa de placer se extendió sus labios, mientras se acomodaba mejor en su puesto; aquello sí que era vida.
Al día siguiente, la claridad la despertó y la obligó a abrir los ojos con cautela. Segundos después de que los primeros rayos de sol la sacaran del mundo de los sueños, se dio cuenta de que aún seguía en el sofá de la sala; el pote de helado, prácticamente vacío, se encontraba en el suelo, al igual que el mando de la televisión, la cual, por cierto, se encontraba encendida. Comenzó a estirar sus agarrotados músculos, con la idea de tomar otra ducha reparadora; sin embargo, antes de que pudiera hacer nada más, su teléfono móvil comenzó a sonar. Se levantó y corrió hacia el aparato, no sin antes tropezar con el par de zapatos que se había quitado el día anterior.
—¿Diga?
—Bella, es Alice —habló la pequeña Cullen—. No llamé antes porque no quería despertarte…
¿Acaso la pequeña tenía una bola de cristal o algo?
—No, Alice, acabo de despertarme.
—Lo sabía —respondió segura la muchachita.
De acuerdo, quizás si tenía una de ésas.
—Y… ¿para qué me llamabas? —inquirió Bella, intentando no sonar descortés.
—La verdad es que necesito comprar algunas cosas —explicó la pequeña, con voz cargada de inocencia. Bella sintió un escalofrío—, y Edward no estará en casa…
—Momento —cortó Bella, confundida—, ¿tú no tendrías que estar en la escuela, pequeña?
—Es la una y media de la tarde y es sábado, Bella —explicó Alice, con una nota divertida en su voz.
¿La una y media? Ops,
—De acuerdo, me cambiaré, me prepararé para ir a tu casa y me explicarás allí lo que… espera —se interrumpió a si misma—, ¿cómo conseguiste mi número?
—Mi mamá nos lo dejó sobre la mesa del teléfono por cualquier emergencia —explicó—. Ella se está preparando para ir a trabajar y me pareció una buena idea llamarte y contarte mis planes para hoy, porque…
—Alice, en menos de media hora estaré allí —cortó Bella, que no podía perder más tiempo si quería cumplir con el horario. Sintió que aquéllo había sonado bastante descortés, por lo que agregó:—, y podremos ir de compras juntas.
Escuchó un chillido del otro lado de la línea, y unas rápidas palabras emocionadas de Alice.
Claro, no sabía dónde se estaba metiendo.
El paseo al centro comercial fue toda una odisea. Alice parecía haber consumido una gran dosis de cafeína, ya que no sé podía quedar demasiado tiempo en un mismo lugar. Bella, agotada de ver ir de aquí para allá, se dejó caer en un pequeño asiento, ubicado en el centro de los largos corredores. Alice estaba en una reconocida tienda de moda, por lo que seguramente tendría mucho tiempo allí. De su bolso, sacó uno de sus libros y comenzó a leer, feliz de, finalmente, tener algo de tranquilidad.
Claro, la suerte no era algo que la acompañara usualmente y, pronto, se vio interrumpida.
—Un buen libro, ese —comentó una voz grave.
Bella alzó los ojos, para encontrarse con dos orbes castañas, casi negras.
—Ya lo creo —respondió simplemente.
El muchacho sonrió, tendiendo su mano.
—Jacob Black —se presentó.
La muchacha, con una extraña sensación de familiaridad, estrechó la mano del joven.
—Bella Swan, un gusto —respondió.
—Lo sabía —apuntó él, ciertamente divertido—, compartimos clases en la universidad. Además, mi padre es quien está arreglando tu camioneta; Billy Black, ¿te suena?
La muchacha lo miró, sorprendida, mientras él soltaba una risotada. Se sonrojó, mientras separaban sus manos. Claro, su camioneta se había arruinado —debido a que ya era bastante vieja— y Angela le había comentado que Billy Black era el mejor mecánico de la ciudad. Claro, nunca había reparado de la existencia de su hijo, ni siquiera cuando éste le había dicho su apellido.
—Disculpa, soy algo… distraída —apuntó, desviando la mirada.
—Sí, lo había notado —comentó, aún con aquel matiz divertido en su voz.
No fue muy larga la conversación que mantuvieron, hablando de temas sin importancia, antes de que Alice llegara. Con las manos repletas de bolsas y una pequeña sonrisita bailoteando por sus labios, se quedó observando a la pareja.
—¿Tú eres…? —preguntó al muchacho, con desenfado.
—Me llamo Jacob Black —se presentó—, voy con Bella a la universidad.
Una expresión de entendimiento cruzó por el rostro de la pequeña, mientras su sonrisa se ampliaba.
—¿Quieres venir con nosotras a cenar? —preguntó animadamente la pequeña.
—¡Oh, no, Alice, debemos ir a tu casa en este instante! —exclamó Bella. No quería mezclar el trabajo con su vida privada—. No puedo… —se volvió hacia Jacob—. Estoy trabajando como niñera en su casa, y la verdad es que no quiero mezclar las cosas…
El muchacho sonrió.
—No te preocupes —apuntó él, encogiéndose de hombros—. Te veré por la universidad y, si me lo permites, te invitaré a tomar algo en otra ocasión.
Bella sonrió tímidamente, mientras asentía.
—De acuerdo.
Después de un breve intercambio de palabras, las dos muchachas salieron del centro comercial. Bella ayudó a la pequeña Alice a cargar todas las bolsas, aunque parecían no molestarle ni pesarle en lo absoluto. Cuando consiguieron un taxi, las dos emprendieron el camino de regreso. La sonrisa pícara en el rostro de la muchacha seguía intacta.
—Le gustas —comentó, de forma casual.
—¿Qué? —inquirió Bella, confundida, sin saber de qué estaba hablando.
—Que le gustas, a Jacob, le gustas.
La joven Swan parpadeó, sintiendo como su rostro comenzaba a arder…
—Yo…no…él… no
Alice rió, de forma cantarina.
—Oh, sí. Él, sí.
Pronto se encontraron en la gran mansión de los Cullen —Bella no podía pensar en otra palabra para definir a la magnánima casa—, en cuyos exteriores ya se encontraban el auto de Edward y un enorme jeep. Las dos muchachas, después de pagar el viaje, descendieron del vehiculo y se encaminaron al interior del confortable hogar. Podía escucharse el fuerte sonido de la televisión y unas risotadas, provenientes de la sala. Alice salió corriendo hacia allí, presurosa, mientras Bella dejaba las bolsas en el recibidor, con cansancio. Cuando llegó a la sala, encontró a Emmett y Jasper, con la pequeña Alice sentada entre medio.
—Buenas tardes —saludó Bella, con notable agotamiento en cada palabra.
—¿Sometida a un día de compras con el pequeño demonio? —preguntó Emmett burlonamente, ganándose un puñetazo en el hombro por parte de Alice.
—No soy un demonio —refutó la pequeña.
—Yo no estaría tan seguro —apuntó Jasper, sonriente.
Las mejillas de Alice se tiñeron de rosa, mientras en sus labios se dibujaba un suave puchero. Bella rió, dejándose caer en uno de los sofás individuales. Entonces, cuando se dio cuenta que sólo contaba tres personas, frunció el ceño.
—¿Y Edward?
—Tranquila, está arriba —respondió Emmett, con tono jocoso—. Hablando por teléfono con… ¿Lauren? No, con Rachel… o con Tanya, no puedo recordarlo.
—No necesito detalles —replicó la joven Swan, rodando los ojos—.; con que esté dentro de la casa, me basta —Emmett rió por el comentario, mientras Jasper sonreía—. ¿Vosotros os quedarais a cenar?
Jasper y Emmett asintieron, y este último agregó:
—Sí, esta noche vamos a salir —explicó, sonriente.
Bella se dedicó a preparar la cena, mientras Alice comenzaba a ordenar todas aquellas cosas que habían comprado. Jasper y Emmett, por su parte, habían decidido quedarse en la cocina, conversando con Bella. La muchacha descubrió que el joven Withlock era bastante tímido y reservado, aunque muy agradable; era ese tipo de chicos con los que se podía mantener una conversación adulta y civilizada, a pesar de tener diecisiete años. Emmett, por otro lado, parecía ser su antítesis: sin ningún tipo de tapujos expresaba lo que pensaba y no perdía momento para hacer una broma o para reírse a costa de algo o alguien; su apariencia intimidante quedaba reducida a escombros cada vez que sonreía o que se reía fuertemente. Emmett era el mayor del grupo y, al igual que Edward, tenía diecisiete años. Jasper aún tenía dieciséis, pero sólo faltaban algunos días para que igualara en edad a sus compañeros.
Jasper, Emmett y Bella en medio de una conversación sobre comidas, cuando Edward hizo acto de presencia:
—Es lo que yo digo, Bella, deberías probar ponerle pimienta a todo eso… —Emmett se interrumpió, cuando vio a Edward ingresar en la habitación—. ¡Hey, Eddie, pareces… agotado!
—Estoy bien —respondió Edward, pasando una mano por sus cabellos desordenados—; y, por favor, no uses tú también ese apodo idiota.
—¿Qué pasa, Eddie, tienes miedo de que tenga ganas de darte besitos como Tanya? —preguntó Emmett, frunciendo sus labios.
Edward hizo una mueca de asco, mientras Jasper y Bella no podían contener las risas. El joven Cullen enfocó su mirada en esta última, observándola intensamente.
—Creo que prefiero que otra persona me de… besitos —apuntó, acercándose a ella.
Bella rodó los ojos.
—No me gusta el ligue descarado, Cullen —apuntó Bella, volviéndose. Alcanzó a oír las risotadas de los otros dos jóvenes.
—Swan, dos, Cullen, cero —apuntó Emmett desde su puesto.
—Puedes haber ganado una batalla, pero no la guerra —comentó Edward, muy cerca de su oído.
Bella suspiró con molestia. ¿Acaso no sabía hablar lejos de su oído, donde su aliento no golpeara contra su cuello?
—Aléjate —pidió, mientras se concentraba en la salsa que estaba preparando.
—Como quieras —apuntó él y, después de depositar un beso en su nuca, se alejó hacia donde estaban los amigos.
Bella no pudo hacer más que suspirar fuertemente, reprimiendo sus deseos de matarlo de forma lenta y dolorosa.
Cuando Bella hubo terminado con la comida, todos cenaron en un ambiente ameno. Emmett se encargó de contarle a la joven Swan unos cuantos detalles sobre el grupo, haciendo especial hincapié en las historias más vergonzosas de Edward. Después de aquella charla, Bella descubrió que Emmett, a pesar de su constantes burlas y su humor sin censura, era una persona franca y honesta, de aquellas que siempre van con la verdad. Mientras estaban comiendo el postre —un poco de pastel que había sobrado de la fiesta de Esme—, Emmett ingresó en terrenos prohibidos. Quizás aquello fuera lo complicado de la personalidad: ningún tema parecía delicado para él.
—¿Y, Bella, qué hay de tu vida?, ¿tienes novio? —preguntó, para luego devorar una enorme cucharada de pastel.
Bella dudó al responder, ya que no le gustaba hablar de su vida privada; sin embargo, la vocecita cantarina de Alice se le adelantó:
—Un chico hoy la invitó a tomar algo —apuntó acusadoramente, mirando a Bella con una sonrisa.
Emmett soltó una carcajada, mientras Edward gruñía.
—Es definitivo: Swan, tres, Cullen, cero.
Cuando todos terminaron con el postre, Bella se dedicó a lavar la vajilla. Edward se fue a cambiar y Emmett lo siguió al piso superior. Jasper se ofreció a darle una mano a Bella, mientras la pequeña Alice miraba algún programa en la televisión de la cocina.
—Oye, Bella, Edward dice que no sabe qué pantalones escoger y pregunta si puedes ayudarlo —comentó Emmett, con una sonrisa divertida en sus labios, asomándose por la puerta de la cocina.
—Dile que puedo ayudarlo a elegir su epitafio —comentó Bella, haciendo que Jasper, a su lado riera—, nada más que eso.
Emmett se fue de la cocina, riendo a mandíbula batiente.
—Edward puede ser un idiota cuando se lo propone, pero es un buen chico —comentó el joven Withlock, mientras secaba uno de los platos—. Créeme. Emmett ya ha pasado esa etapa… es algo que se cura con el tiempo… o, en su caso, con una mano dura.
Jasper tembló suavemente y Bella lo miró confuso. Él, simplemente sacudió la cabeza, como restándole importancia.
—De verdad, él es un buen chico —insistió.
—Me cuesta creerlo —comentó Bella, soltado un suspiro.
—Él tiene razón —intervino Alice—, mi hermano es una buena persona.
Sin mayores inconvenientes, los muchachos terminaron de asear la cocina y se dirigieron a la sala. Alice volvió a encender el televisor, mientras Bella y Jasper se acomodaban a ambos lados de ella. Estaban en medio de alguna serie, cuando Emmett y Edward bajaron ruidosamente. Bella observó a este último y seriamente se cuestionó si no sería alguno de esos modelos adolescentes: traía una camisa blanca algo arrugada y unos pantalones oscuros. El cabello desordenado parecía el complemento perfecto para darle aquél aire de «soy-todo-un-ganador-y-tú-ni-nadie-pueden-evitarlo».
—Mirar es gratis —comentó jocosamente.
En aquél momento se dio cuenta de que se había quedado observándolo, quizás más de lo debido. La fuerte risa de Emmett se lo confirmó.
—¡Pillada! —exclamó divertido, apuntando hacia ella con un dedo—. Swan, tres, Cullen, uno.
Afortunadamente, Esme llegó poco tiempo después. Hubo un breve intercambio de palabras antes de que Bella pudiera salir de la casa, feliz de que finalmente tendría la oportunidad de disfrutar de su día libre.
Después de un rápido viaje, llegó a su edificio y corrió al ascensor. Cuando llegó a su apartamento, una sonrisa de satisfacción surcó sus labios. Se sentía realmente feliz de estar por fin en su casa. Se duchó con rapidez, demasiado impaciente por acomodarse a sus anchas sobre la cama. Después de ponerse un viejo piyama y de secar un poco el baño, apagó las luces y se dirigió a su cama. Chocando con la pata de la misma y maldiciendo entre dientes, se dejó caer sobre el mullido colchón y su cabeza impactó suavemente contra la confortable almohada de plumas. Soltó un suspiro de satisfacción y, con demasiado calor para taparse, se acomodó entre las sabanas.
Sin embargo, su calma no duró demasiado tiempo. Sentía que no había dormido ni siquiera dos minutos cuando sintió un molesto timbre. Después de unos segundos, se dio cuenta que no era más que el teléfono móvil. Se levantó bruscamente y palpó la mesita de noche, hasta que encontró el pequeño aparato. En la pantalla apareció un número desconocido; frunciendo el ceño, abrió la tapa del móvil y atendió.
—¿Sí? —preguntó, con voz pastosa.
¿Bella? —respondió una inconfundible voz, suave como el terciopelo.
—¿Edward? —inquirió Bella, confundida—. ¿Qué demonios…?
—Bella, necesito tu ayuda —rogó el joven. Había un matiz de desesperación en su voz, que parecía estar disimulando con esfuerzo.
—¿Qué sucede? —preguntó rápidamente.
—Necesito que me vengas a buscar —explicó, a toda velocidad.
—¿Eh?, ¿ahora? —preguntó la joven, confundida. El reloj al lado de su mesita de noche marcaba que estaban por dar las cuatro y media de la mañana—. ¿Dónde demonios estás?
—En la estación de policía.
Bella abrió los ojos, con sorpresa y horror.
Aún seguía durmiendo, ¿cierto?

(1) Palabras en léxico nadsat, que en español significan «amigos y policías», extraídas de «La Naranja Mecánica».

Pobre Bella. Evidentemente, Edward no le va a poner las cosas muy… fáciles. Veremos que sucede con este par en el próximo capítulo, que tiene un par de cositas que me gustan bastante.
G-r-a-c-i-a-s a todos por sus reviews. Les juro que soy muy feliz cuando llego y encuentro todas las alertas de comentarios en mi correo. ¡Gracias, gracias, gracias! Saben que se los digo honestamente.
Si las cosas me lo permiten, voy a volver acá el sábado. Lamentablemente, como ya les dije, no puedo prometer nada; pero voy a hacer todo lo posible porque así sea.
Gracias de nuevo a todos. Espero más que ansiosa sus reviews. Tengo que estudiar una montón de interminables hojas de un tema que ni siquiera me gusta; así que, por favor, alégrenme la tarde con sus comentarios jaja.
¡Saludos para todos! Espero que disfruten del fin de semana.
Nos leemos pronto.
LadyC.

2 comentarios:

Ada Cullen dijo...

Miiiii Adriis primero gracias por poner los links d elos capis anteriores, segundo wow me en canta este fic esta ... aaa he deadmitir que se me eriza la piel co ciertas partes y digo aaa quieor novio.... ajajajaj en fin tya estoy al dia con este fic asi qeu asniosa espero el siguiente y pues mas de tus fic y de todo...
y pues mi Adris bella relajate a todos nos h sucedido no todos los temas en la u nos gusta pero sucede que son en los que mejor nos va ... admeas animo ya casi terminan semestre.... te adoro mi morena bella miles de beso y animo desde aqui te echo porrar

Anónimo dijo...

Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

q Emocióoooooooooon! Estoy totalmente enviciadaaaa con este FIC!.... he leidooo muchos fics.. y sin temor a dudaaaaas este es SIMPLEMENTE EL MEJOR!!

Felicitaciones a su escritoraaaaaaaa! wowwww! :) sigue asi!...

Y gracias adri x subirlo... aunq no seas cruel y subelo más seguidito!

Bsitos.. Lichy! :)

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